Lamento por Leonard Cohen
Guía en el jardín de plantas
Tesoro
Tres variaciones sobre el oro
Nada es lo que parece
Tumba profunda.
Primavera en Akitsu
Ciryl, el niño de la bicicleta
El caso Moro o Buongiorno, Notte y viceversa
Releo y escribo a medida que releo
El riesgo extremo
La aspereza de este mundo
Notas sobre el campo de la didáctica de la lengua y de la literatura
Emotividad y resistencia al sentido poético
La poesía empieza por la poesía de vanguardia
La escuela debe ser un problema

La escuela debe ser un problema

1995

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Diario Clarín, Sección Tribuna Abierta, Buenos Aires

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Ocurre usualmente durante el primer mes de clases. En general son padres o madres de alumnos de primer año los que manifiestan “que la profesora de matemática no explica nada”, “que les da problemas para que resuelvan junto con sus compañeros durante la clase”, “ que lo que corresponde es que el profesor primero les dé un modelo de ejercicio, lo resuelva en el pizarrón y después los alumnos resuelvan otros iguales”. La forma de concebir el lugar del problema dentro de la enseñanza de las matemáticas ha cambiado. A diferencia del tradicional ejercicio, que funcionaba como ejemplo imitativo de lo que ya había realizado el profesor, en esta nueva didáctica el problema implica la creación de un obstáculo a superar. Así, el alumno pone en práctica su capacidad de razonar y sus conocimientos, acompañado por la interacción con el resto de sus compañeros y con el docente. En esa encrucijada viven las prácticas escolares ya que estas dificultades son las que ayudan a enriquecer y a completar el aula con las dudas y las certezas de cualquier instancia de aprendizaje. Dilemas que simulan los conflictos que se producen en la vida real : no tratan ni las mismas situaciones ni los mismos asuntos pero sí transcriben su sentido. Algo parecido podría ocurrir en el área de Lengua y Literatura aunque no sucede. Tal como lo ha señalado alguna publicación oficial sobre esta materia, la escuela debe desarrollar en el alumno capacidades comunicativas que lo preparen para responder a las demandas de la sociedad actual. De este modo, se dedica a crear condiciones, “situaciones reales”, para que los estudiantes sepan producir diversos textos orales y escritos y desarrollen una efectiva comprensión lectora. En estos materiales de divulgación para docentes aparecen muchas veces las palabras “información” , “proceso de escritura”, “exposición”, “argumentar”, “lector”, “comunicación”, “géneros discursivos”; en fin, términos que a aquellos que nos dedicamos a la enseñanza y, en particular a la enseñanza de la lengua, nos son reconocibles y apreciados. Pero hay una gran ausente. Casi no se la nombra - a lo sumo figura como una variedad textual más - se desdibuja y ha perdido sus señas particulares : su historia, sus polémicas, sus teorías. Es por ello que en la escuela es costoso reconocerla, hacer su identikit. No es unívoca. No define su mensaje. Juega a las ambigüedades. Intenta engañar a su lector (da falsas pistas). Traiciona la lengua, materia sobre la cual cincela sus formas. Ella es la literatura y ha sido confinada por las propuestas curriculares. No es exclusivamente comunicativa y, por la incertidumbre que provoca en sus lectores, es un objeto difícil de catalogar en los nuevos contenidos escolares. La literatura es un obstáculo, un problema que, a diferencia de lo que ocurre en matemática, los ámbitos de enseñanza no se animan a tratar de superar. Porque, por ejemplo, ¿cómo clasifico, desde una perspectiva comunicativa, un ensayo de Borges, un poema de Rimbaud, un relato de Boccaccio ? La literatura problematiza cualquier clasificación lingüística y comunicacional. La cuestiona, la pone en duda ; obliga a repensar, redefinir y reflexionar sobre el uso de la lengua. Entonces, ¿ qué reforma curricular, qué manual se atrevería a describir la literatura, a sistematizarla, en definitiva, a realizar su identikit ? La literatura es la suspensión momentánea de la finalidad comunicativa para la cual nuestros ancestros crearon ese fabuloso instrumento que es la lengua. Allí ésta se vuelve intensa, adquiere variedad de sentidos y exige un lector atento que la haga vibrar, la exprima y produzca hipótesis de lectura. Porque en la literatura todo puede tener una causa, todo adquiere un sentido ; sólo está a la espera de un lector - alumno o docente - que descubra o construya su inédita lógica y le dé un fundamento . Pero la escuela pareciera desatender esta empresa seductora, maravillosa y que, sin duda, Don Quijote no hubiera desdeñado. Así, la literatura serviría, según esta posición afectada por cierto pragmatismo, para que el alumno se conecte con el mundo de lo imaginario, de lo estético. Sólo para eso (que no es poco) y se abandona la posibilidad de formar lectores preparados para cualquier tipo de escrito. Pues si pensamos que las obras literarias son auténticas dificultades para la lectura, enseñar a atravesarlas implica ayudar a construir sujetos aptos para cualquier intento comunicativo, sea éste cristalino, translúcido u opaco. Si hay un lector preparado para enfrentarse a cualquier tipo de dificultad en el lenguaje, a través de la lectura y la producción de textos escritos, es el lector de obras literarias . Se llamen esas dificultades poesía, nota de opinión, resumen, cuento, narraciones orales, crónica periodística, ensayo , monografía, novela, informe, etc.. Justamente, el escritor contemporáneo Italo Calvino se preocupó por estos problemas de la literatura. En sus Seis propuestas para el próximo milenio le adjudicó la responsabilidad de concentrar sobre sí, como una “enciclopedia abierta”, el poder de entretejer la variedad de saberes que han concebido el hombre y la mujer a lo largo de su historia. A esta capacidad Calvino la llamó “multiplicidad”, un conocimiento plural del universo, una infinita red de relaciones. El la imaginó a modo de una cualidad que sólo la literatura poseía y era capaz de llevar hacia el milenio que viene. Nosotros, apenas si tendremos lectores capaces de comprenderla hacia el fin del nuestro.